Carlos Vallejo, la ventana indiscreta

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El miedo

Miércoles, 31 de Agosto de 2011

El pavor de los humanos

En el último vuelo Madrid-Palma, sobre las 23.30 de la noche, me encontraba leyendo una aburrida novela de Raúl del Pozo, cuando las azafatas de la compañía de turno, se disponían a ofrecer a los clientes el catering pagado, que tan mala acogida tiene.

Cuando pasaron por mi lado, tuvieron que detenerse ya que una señora les realizó un pedido. La azafata recibió el billete de la pasajera y observo que en vasito de plástico que tienen para el cambio había un billete de 20 euros. Acababan de hacer cambio de tripulación y el susodicho billete no se correspondía con el dinero reservado para el cambio, sino que se le había olvidado a la anterior tripulación.

Cuando la azafata comprobó el hecho, su primera reacción fue comentárselo a su compañera y decírselo a la jefa de cabina. Pero cuando se disponía a hacerlo, paró y le dijo: “como puede ser que este billete este aquí cuando la azafata de la otra tripulación me dijo que todo estaba correcto”.

La compañera al observarla, se ofreció ella para hacerlo. Pero la azafata propuso un nuevo plan; Me quedo el billete y mañana cuando vayamos a firmas lo devuelvo. La compañera le comentó que eso sería peor, ya que si se enteraba la jefa de cabina se iba a enfadar.

Finalmente, decidieron las dos azafatas quedarse con el billete para el desayuno del día siguiente.

No fue un hurto, fue fruto del miedo, de la posible bronca que les echaría la jefa de cabina por el incidente. Se podía detectar perfectamente en sus tonos de voz, el pavor tan atroz que le tenían a la superiora.

Es este puto miedo, el que paraliza a muchas personas. Lo hay de diferentes clases e índoles. Esta el de la mujer maltratada, que a pesar del valle de lagrimas que vive constantemente, nunca da el paso de la separación. También esta el miedo económico de perder una vivienda, un trabajo. El miedo a lo desconocido. Pero en definitiva tenemos demasiado miedo en las decisiones diarias.

Es algo inherente en el ser humano, que nos fue transmitido desde pequeños, siendo muy complicado para determinadas personas conseguir abandonarlo.

No se trata de convertirnos en el D. Juan sin miedo, pero pensar que siempre los viejos en el umbral de la muerte se arrepienten de las cosas que no hicieron.

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Tú mandas

Sábado, 16 de Julio de 2011

Sumisión

Una madrugada nos unió. Es curioso el destino, por que te conocí y abriste tu puerta. Entré como siempre, de malas maneras, de forma directa, seguro de mi mismo. Quizás la inseguridad inicial, provoca que estas maneras fluyan de mí.

Tú me recibiste obediente, sumisa y poco a poco te fuiste apoderando de mí. De una manera sibilina pasaste del servilismo a la posesión, a la dueña de la situación. Sin darme cuenta te convertiste en la jefa del todo. Ahora tú mandas, yo obedezco.

Llegó el texto. Cuando creía que ya me habías olvidado. Surgió una mañana de la nada. Fue un riesgo ya que hubiese provocado la fonética entre ambos. Pero sabias que no lo haría. Respetó los riesgos y nunca hago nada sin permiso del contrario.

Se pudo haber dado el encuentro, pero todo lo esperado y planificado no te gusta, debes sorprender. Sabías que no te vería a pesar de que estuvimos a escasos kilómetros de distancia.

Ni lo intente, ni lo provoque. Es inútil la unión, cuando una de las partes renuncia a la presencia.

Después llegó la imagen. La dejaste allí. Segura que tarde o temprano abriría la puerta para verla. No te confundiste, pique como un “pichón” el anzuelo de cuajo. Me lo trague entero. Siguiendo el sendero que me marcas. Luego como a un perro obediente, me diste un azucarillo, con la promesa que lo eliminara en 24 horas.

¿A donde nos va a llevar este proceso?
¿Se terminará en el tiempo?
¿Tendrá un final?

No lo sé, pero lo importante es que continúe fluyendo para que llegue a su destino.

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La ignorancia debe ser combatida por el “kaizen”

Viernes, 9 de Julio de 2010

Kaizen, la mejora constante

Todos nacemos ignorantes en nuestras vidas. El crecimiento es un continuo cocimiento de la vida y de nosotros mismos. Existen personas verdaderamente sabias a los 25 años y verdaderos ignorantes a los cincuenta.

Todo depende de la actitud personal de cada uno, junto con el enfoque vital de vida, que quieres desarrollar. El conocimiento se debe aprender por la curiosidad innata del ser humano por saber un poco más de determinadas materias. Es un reto personal por auto cultivarse uno mismo, para poder comprender mejor todo lo que nos rodea.

Pobre de aquel que estudie para presumir ante el prójimo, ya que toda sabiduría debe ser compartida con los demás, sin hacer alardes de superioridades. No hay que olvidar, que no es más culto, el que más sabe, sino el que comparte.

No es un problema de medios, ya que existen en la historia, numerosos ejemplos de personajes como Miguel Hernandez, pastor de profesión, pero su afán por saber, le convirtió en uno de los mejores poetas del siglo XX. Hoy por hoy en el mundo occidental, todos tenemos los medios para poder aprovechar el tiempo, en un continuo conocimiento.

Pero lo triste, es que muchas personas, malgastan su tiempo en banalidades unidas a un pseudo ocio de la imagen que no aporta nada en absoluto. La maldita tele, cuanto daño ha hecho a esta sociedad. Manadas de borregos todos lo días continúan siendo alienados por esta caja tonta que no aporta absolutamente nada.

Ya hace años, fui a visitar a unos inquilinos de un chalet que alquilaba mi madre y observe con gran curiosidad, que no tenían televisión. El era un ingeniero geofísico de la “Shell”, estaba casado con dos niños pequeños. Cuando le pregunte el porque, me contesto que en su familia se hablaba, se leía, algunas veces les ponía a los niños algunas películas infantiles para que aprendiesen.

Esto pasó ya hace muchos años, siendo la excepción de cada millón de hogares españoles, ya que todavía la caja tonta sigue presidiendo el cuarto de estar del 99 % de la población.

“Kaizen”, es una palabra japonesa que significa mejora constante, siendo la marca de fabrica de todo hombre o mujer que vive una existencia despierta y dinámica.

En nuestra sociedad etiquetamos al ignorante, como débil. No obstante, quienes expresan su falta de conocimientos y buscan instruirse, encuentran el camino del esclarecimiento antes que los demás.

Quienes están abiertos a nuevos conceptos, son siempre los que alcanzan niveles más altos de realización.

Hace falta coraje para correr tu propio conocimiento, esforzándose cada día para mejorar tu cuerpo y mente.

Empieza a vivir con energía desbordante y entusiasmo ilimitado. Ve salir el sol, baila bajo una ducha de lluvia. Sé la persona que sueñas ser.

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